sábado, 26 de abril de 2008

Del principio de incertudumbre

Una ciudad, o más bien como su cotidianeidad o la noche que se planta sin remedio, como las luces que me persiguen y el perro que no deja de ladrar en un idioma incomprensible, ¿cómo decirlo?

Siendo habitante de la multitud, sentado en el pavimento, fumando sin cesar, me suena casi como una utopía poder nombrar la ribera o el viento con olor de mar, las aguas que corren desde el mar. Aquí ninguna guía me orienta; es el rumor de otro río el que rige el movimiento, es la sombra rauda de un avión la que me levanta la mirada: el cielo! Cómo decirlo sin las palabras recurrentes que me engañan y terjiversan todo lo que escribo y aún lo que quiero pensar.

Como unos tambores que imitan el movimiento de sus caderas o como la sonrisa que nace después de la sozobra; como decir un imposible sin un despojo de esperanza; como un funambulista que presiente: no caeré. Pero las sombras y la tristeza de la gente, un ligero desequilibrio en el cable, y ni la excitación de sus piernas que escucho por otra sutil ignorancia pueden devolverme a salvo, organizar mi sombra, señalar hacia alguna parte.

Una ciudad o más bien su anonimato de ver sin mojarse, la noche sin fragancias que transpiro, pero dónde, dónde.

Me engaño si creo poder acabar aquí, que puedo decir eso que quiero sólo acumulando las piezas; me engaño cada vez que digo como, sabiendo que bastarían unas cuantas palabras: artículosustantiverbomplemento, para que la buena costumbre se asomara. Pero no me bastan mis ventanas, no hay suficiente noche para el amanecer, y mucho menos mar que descienda por las montañas, ranas que se unan en una bacanal de canto; aquí había sido como un golpe seco y sordo y parco y preciso, como una fuente de borbotones desordenados y empapadamente colérica; muertes anónimas y precisas; una espalda (su brazo) en el microbús, un roce, una vuelta a la esquina, un funambulista desde donde la incertidumbre del cómo decirlo regresa con lo inefable, se cobija con la incitación del derrepente: un avión, su espalda, el precipicio, el principio. El hombre quiere crecer y ser niño.


1997


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