...de uno, de dos, por cientos, cada hora, cada día, cada sol. Ahora, aquí, tanta gente, tanto humo y tanta sangre y tanta luz. ¿Aquí, ahora? La sospecha de un corrimiento, de una noticia desvaída, escondida. ¿Aquí, dónde? En esta plaza, entre estos árboles de historias. Un fino lienzo donde concurrimos por impulsos diversos y convergentes. Corroboración de la más soledad, de la más carencia gregaria. Un cómo que lo preguntara todo pero también un así es que me lo desbarata en la frente, en los labios, en este mismo papel. Creo que hace frio, creo que está nublado. Ningún engaño de sentidos, ningún Descartes ni Roussel. Más bien la falta de ellos, de los sentidos ¿la falta de atención hacia ellos?¿el atrofio de ellos?
¿Y ellos?¿cómo hacen?¿cómo nacen?¿en qué paciencia?¿en qué destino? ¿en qué amor? Mis propias manos están manchadas, sin duda, sin honor, sin hacer nada. ¿Nada? Solíamos andar por entre los pinos ignorando-nos, ahora cualquier paseo es dentro de los muros, dentro del patio interior con flores y bellezas intocables, inmutables, prefectamente plantadas y perennes, pero no es así, nada es así. ¿Qué queda? Ríos metafísicos, baños de Heráclito, una vuelta a la esquina y horas y días y soles.
Al final quedas tú, por supuesto. Al final, pero es el principio ¿de qué historia? ¿de qué mundo? ¿de qué selva?
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