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martes, 13 de mayo de 2008

16/10/1996

Entonces la sensación casi ominosa de que mas allá no hay nada, de que ese supuesto estancamiento del que todo el mundo se percataba no era tal. Despues de todo, las leyes físicas le servían para algo, para saber que si hubiera encrucijada, elevador o rampa, pero nada. Primero había sido como una puerta abierta al acabar la blanco y negro Sueca, el sol colándose con el atardecer por la puerta; pero antes ya habia sido una muerte en los suburbios, el dolor, la prosesión y los cuetes. Antes o después, porque esto del tiempo es cosa de enajenados, habían sido tantas cosas, el amor y el sexo y las obligaciones con su mañana de nubes como gatos panzarriba. Así que miraba directamente a las baldosas asintiendo, asistiendo, a la gracia del orbe; a todo eso que parece inevitable, sencillo, involuntario (pero esto ya había sido antes, también [antes o después, se entiende]), en la noche con la cerveza y la estupidez subida hasta la felicidad o algo que debiera serla en su más puro sentido, o aquella otra noche de no dormir, de sentir la podredumbre que se le trepaba por los pies, pero también la caricia y el refugio que más tarde, cosas que nada tienen que ver con la felicidad).

No se me confunda, este tipo parado en una esquina con un llanto que no le sale no está, de ninguna manera, arrepentido, no hay de qué; eso de la responsabilidad se le da como el cinismo y nunca como ahora (un ahora que nada tiene que ver con el tiempo, insisto) estaba tan seguro de todo el camino recorrido, desde la primera conciencia hasta el absurdo, de la primera enzima a esto. Es decir que nada de esta desorientación tan explícita era como para quemarse o mas bien como para tragarse la zanahoria que le cuelgan enfrente; tomar armas, largarse a la montaña, conseguir un gato, agenciarse un oso, comprarse una pipa o cosas parecidas. Y es que el viaje de regreso es el peor de todos y eso que cree apenas descubierto es al mismo tiempo como pequeños viajes de ida y vuelta en los que se puede ir y volver enseguida sin preocuparse tanto, sólo que a veces uno de los carriles invade al otro y para qué te cuento. Además, se sabe capaz de la violencia, lo que le asegura un notorio (que no notable) lugar en la historia. Así nunca se llega a ninguna parte -dice o piensa- no se trata de apilar los agujeros en las paredes ni tampoco de abrirle un boquete al vecino en el traspatio, mucho menos la sucesión lógica de los agujeros, el vecino y que decir de mí, de lo que me pasa a mí (esto último lo dice en voz alta, con el gesto correspondiente) ¿Qué esperar entonces? ¿Qué si lo es? Llevándose un dedo a la cabellera y rascándose con un placer felino, no se da cuenta, pero ese mismo dedo hace un gustoso alto en la nariz para señalar a dónde (metafóricamente, por supuesto), mientras un microbus se para obedeciendo.

Sube al microbús.

sábado, 26 de abril de 2008

12/07/1998

...de uno, de dos, por cientos, cada hora, cada día, cada sol. Ahora, aquí, tanta gente, tanto humo y tanta sangre y tanta luz. ¿Aquí, ahora? La sospecha de un corrimiento, de una noticia desvaída, escondida. ¿Aquí, dónde? En esta plaza, entre estos árboles de historias. Un fino lienzo donde concurrimos por impulsos diversos y convergentes. Corroboración de la más soledad, de la más carencia gregaria. Un cómo que lo preguntara todo pero también un así es que me lo desbarata en la frente, en los labios, en este mismo papel. Creo que hace frio, creo que está nublado. Ningún engaño de sentidos, ningún Descartes ni Roussel. Más bien la falta de ellos, de los sentidos ¿la falta de atención hacia ellos?¿el atrofio de ellos?

¿Y ellos?¿cómo hacen?¿cómo nacen?¿en qué paciencia?¿en qué destino? ¿en qué amor? Mis propias manos están manchadas, sin duda, sin honor, sin hacer nada. ¿Nada? Solíamos andar por entre los pinos ignorando-nos, ahora cualquier paseo es dentro de los muros, dentro del patio interior con flores y bellezas intocables, inmutables, prefectamente plantadas y perennes, pero no es así, nada es así. ¿Qué queda? Ríos metafísicos, baños de Heráclito, una vuelta a la esquina y horas y días y soles.

Al final quedas tú, por supuesto. Al final, pero es el principio ¿de qué historia? ¿de qué mundo? ¿de qué selva?

1998